2 de octubre de 2010
Peronismo y biopolítica
20 de mayo de 2010
Me explico: como dijo -creo- el general, el justicialismo no se entiende, se comprende y se siente. ¿Cómo sentir al peronismo durante los '90? cuando para mí que no vengo de una cuna peronista (en realidad, sí. Pero estuvo oculta mucho tiempo. De hecho mis viejos estrecharon vínculos -para decirlo de alguna manera- el 20 de junio de 1973 escapando de la balacera. Ya lo contaré) en ese momento peronismo era igual a privatización, subordinación a los intereses de EE.UU. de A., y a las políticas del consenso de Washington, etc. etc.
Me siento un poco como todos aquellos que un poco se incorporaron y otro poco no, al primer peronismo. Sin querer equipararme a la figura de ellos, sino al sentimiento, que al fin es humano, me siento un poco como Carrillo, como Scalabrini Ortiz, como Jauretche, como Walsh. Tipos que venían de otro palo y que siendo intelectuales de la hostia entraron al peronismo por el lado del sentimiento.
Ampliaremos.
¡Viva Perón!
10 de marzo de 2010
Ojo con el secreto
24 de febrero de 2010
La Tierra purpúrea
Lo traigo a colación porque Hudson era rosista y, como se ve en este párrafo bastante antirrepublicano, podría decirse -parafraseando a mis amigos de UDP- que, un día como hoy pero ayer, ya en el siglo XIX había ingleses que se hacían peronistas:
"¡Oh, civilización! Con tus millares de reglas convencionales, tus marchitas gazmoñerías de alma y cuerpo, la hueca educación de los niños, la concurrencia a la iglesia con las mejores ropas de visitas, el ansia antinatural de limpieza, luchando afiebradamente por comodidades que no dan consuelo al corazón, ¿eres acaso un error completo? Candelaria y aquel genial que huyó de ti, John Carrickfergus, me hacen pensarlo. ¡Ah, sí! Todos buscamos inútilmente la felicidad siguiendo un camino equivocado. La tuvimos y fue nuestra en un tiempo, pero la despreciamos porque era solamente la antigua y común felicidad que la Naturaleza brinda a todas sus criaturas, y nos alejamos de ella en busca de otra felicidad mayor, la que un soñador -Bacón u otro- aseguró que encontraríamos. No teníamos más que conquistar la Naturaleza, descubrir sus secretos, hacerla nuestra esclava obediente, y entonces la Tierra sería un Edén, todo hombre un Adán y cada mujer una Eva. Todavía seguimos valerosamente adelante, conquistando la Naturaleza, pero ¡qué cansados y tristes nos estamos sintiendo! El viejo gusto por la vida y la alegría del corazón se han desvanecido, a pesar de que a veces detenemos por un instante nuestra marcha forzada para observar los esfuerzos de algún pálido mecánico en busca del movimiento continuo, y entonces, a sus expensas, nos permitimos una corta, seca y burlona risa."
30 de septiembre de 2009
Cáceres y Cobos se escriben con "T"
Hace un tiempo, con el afán de irritar a mis amigos, que en su mayoría no sienten el honor de ser hinchas de Boca, esbocé la siguiente teoría:
Boca es un equipo peronista, se respeta el liderazgo del conductor.
Tomaba como ejemplo para continuar mi explicación, a Juan Román Riquelme, a quien quiero entrañablemente. A Riquelme se lo respeta dentro del equipo porque, en primer lugar, es el que mejor juega al futbol y en segundo lugar, porque mientras se ha respetado su conducción, Boca ganó todo. Es decir que no es un liderazgo meramente carismático, “bobo”, ciego, sordo y mudo. Es el liderazgo entendido como el de Perón con el Pueblo Argentino. El pueblo dice: “seguimos a Perón porque con la conducción de Perón nacimos como Pueblo, y lo necesitamos para crecer, desarrollarnos y alcanzar la madurez. Sabemos además que Perón necesita de nosotros para seguir siendo un líder”. Dentro de la cancha, esta conducción implica, a mi entender, que la mayoría de las decisiones las toma Riquelme. El dice “vos parate ahí”, “vos bajá”, “vos volanteá por ahí”.
Decía yo entonces, que el problema en la Selección Nacional, era que cualquier gil que había sido vendido al exterior en cifras millonarias infladas por el lavado de dinero, venía a cuestionar el liderazgo de Juan Román Riquelme y así estamos.
Por supuesto que con estos planteos yo buscaba más la risa que la elaboración teórica, sin embargo, el incidente que se planteó a partir de unas declaraciones radiales del defensor Julio César Cáceres me hizo ver que mi análisis no estaba tan errado.
En un momento en que las papas queman, los resultados no se dan, y el propio Cáceres no pega una, su voto no es positivo. Cáceres, como Cobos, toma protagonismo por su confrontación con el líder, pero sin embargo, quiere hacer parecer que no hay oposición a la conducción.
Parecería ser que estas personas que no manejan los códigos, creen que en determinados momentos de crisis la salida es el desafío abierto a la conducción, para absorber desde afuera las fuerzas que les faltan adentro. Cuando la realidad, es que todo lo que hay afuera es oposición al colectivo y toda discusión de la autoridad de la conducción socava no solo sus bases hacia dentro sino también su poder para modificar la realidad hacia afuera.
Al final, terminan jugando para los otros. Siempre.